En fase de morderse las manos y babas

Esta semana ya hemos empezado esa fase tan típica de los bebés de llevarse todo a la boca. El peque tiene casi 3 meses y de repente la boca se ha convertido en su mejor forma de obtener información del mundo. Como además justo acaba de descubrir las manos, éstas han sido las principales perjudicadas. Además, como ya produce saliva pero aun no la sabe tragar, esto va acompañado de muchas babas.


Es curioso porque las manos no las controla en absoluto, pero es capaz de acertar en la boca para mordérselas siempre a la primera. Le cabe el puño entero dentro de la boca, alucinante. Si le pones un mordedor en la mano aun no sabe llevárselo, en cambio con los dedos de sus papás no falla, los agarra fuerte con su manita y ¡a la boca!. Cualquier cosa que se le acerque a la cara es susceptible de ser mordida y babeada. Ayer fui a darle un beso y se lanzó como un fiera a morderme la nariz, fue muy divertido.

De momento morderse las manos le calma mucho, aunque eso implica que siempre las lleva llenas de babas y se le quedan frías enseguida.

Cada día nos sorprende con algo nuevo, estamos llegando a un momento en el que aprende a un ritmo que da vértigo. De momento ahora esta fascinado con la boca y todo lo que descubre con ella.

Bebé de 2 meses y medio

El peque ya tiene 2 meses y medio, y cada día que pasa vemos nuevos cambios.

Se ríe cada día más, a carcajada, sobre todo cuando le ponemos en el cambiador para cambiarle la ropita o cuando le hacemos monerías. Es un bebé muy alegre, aunque en ocasiones saca su genio y tiene mucho.

Lleva unas semanas bastante molesto con la tripa. Sigue vomitando mucho y se le nota que le duele la tripa porque está quejoso y encoje las piernas y se retuerce. Hoy le han hecho la ecografía del estómago, y le ha salido todo bien, así que se descarta que tenga ningún problema grave, y seguimos sin saber la razón de esos vómitos tan violentos. Yo llevo a dieta sin leche 10 días ya, pero no parece mejorar la cosa. Aun así cada vez estoy más convencida de que tiene que ser una intolerancia, así que sigo probando a ver si adivino qué es. De momento esta semana vamos a probar a excluir el huevo, a ver qué tal.

El peque cada día está más guapo, regordete y con unos mofletes! Está super charrador, hace un montón de gorgoritos. Y está super espabilado, con unos ojos como platos, y muy tieso cuando le cogemos en brazos. Cuando vamos por la calle se queda mirando a la gente hasta que le dicen cosas y le hacen monerías.

Las noches poco a poco van siendo mejores, aunque el muy tragón no perdona ni una toma, y cada 2 ó 3 horas pide. Aun así ahora come y se vuelve a dormir, así que una vez que conseguimos que se duerma la primera vez ya es pan comido. Sin embargo las noches que le duele la tripita las pasamos casi enteras en vela, y vuelve el cansancio extremo.

Yo sigo un poco de culo para sacar la media jornada en el trabajo y estar con el peque toda la mañana, así que muchas tardes pasa un ratito con los abuelos, que lo pasean aprovechando el buen tiempo que está haciendo. Le encanta la calle y los paseos.

No quiere otra cosa que ir en brazos, así que ya he aprendido a hacer miles de cosas con una sola mano y mientras le acuno.

Y cada día disfruto más de él. Es super relajante quedarse en el sofá con el peque dormidito encima, pasear con calma o estar haciéndole cosquillas y teniendo un ratito de juerga. Eso cuando está de buen humor, claro, que cuando llora se enteran todos los vecinos del bloque ¡menudo genio tiene!

A seguir creciendo chiquitín!

Los comienzos con la lactancia materna

Ésta es una de las entradas que tenía pendientes desde hace tiempo, pero que confieso que me daba miedo escribir...

Y es que cuando estás embarazada no paras de oír y de leer que la lactancia es maravillosa, que crea un vínculo muy especial entre la madre y el bebé, que es placentera,... Todo parece genial. Sin embargo, cuando llega el bebé descubres que pocas veces es así.

Me hubiera gustado que me contaran que iba a ser duro, muy duro. Que la lactancia materna requiere muchísimo sacrificio y que hay que luchar mucho para conseguirla y mantenerla.  Que me hubieran contado que tenía que sacar fuerzas de todas partes, mentalizarme mucho e informarme y leer muchísimo. Estoy muy contenta de haber optado por la lactancia materna, pero de haber sabido antes todo lo que me iba a encontrar hubiera dedicado gran parte del tiempo a leer más, más aún de lo que hice. A conocer todos los posibles problemas que pueden suceder y a aprender cómo se solucionan. A volverme algo así como una enciclopedia andante de la lactancia.

Sé que hay mamás que tienen la enorme suerte de tener una lactancia maravillosa desde el primer momento. Tal vez no sean mayoría, pero doy fe de que existen. Mi caso no fue así, y me encontré de pronto ante una situación que no me esperaba... problemas que se encadenaban uno tras otro y que yo no sabía solucionar.

El peque nació bien, con casi 3 kilos, bastante despierto y espabilado. Al nacer no me lo pusieron en el momento, porque le limpiaron, pusieron la vitamina,... Pero en apenas 20 minutos ya estábamos intentando empezar. Me llevaron a la sala de dilatación para estar en observación y me dijeron que lo pusiera ya al pecho. Pero ¿y cómo se pone a un bebé al pecho? Porque aunque había leído sobre lactancia, resulta que llegas, pones la teta allí delante del bebé y aquí no pasa nada. El bebé no sabe coger bien el pecho, y yo, mamá primeriza, me encuentro allí sola sin saber qué se supone que debo hacer. Al cabo de un poquito parece que el peque coge el pecho, agarra el pezón con la boca, pero allí no sale nada. Por lo menos se queda tranquilo y me mira con esos ojazos grises. Mueve la boquita, aunque sin provocar succión, pero en ese momento, mamá super primeriza que nunca ha dado el pecho, piensas que está mamando bien y que eso es así ¡esto está chupado !

Al poco de estar ingresada en el hospital de repente fui consciente de una realidad que se da en muchos hospitales : Todos hablan de dar el pecho, pero a nadie le importa un pepino que lo consigas o no. Más aún, parece que todo el personal médico del hospital detesta la lactancia (por lo visto da mucha faena) y parecen estar haciendo todo lo posible para que fracase. Además, como casi todas las mamás están allí 3 días y luego las mandan a casa, el tema de la lactancia será problema de otros, no suyo.

Así pues, al peque se lo llevaban al pediatra aunque fuera el momento de la toma (con la de niños que hay, podían empezar por otro si nos ven en faena),  y claro, resulta que llora en la consulta. Así que, sin consultarnos, la pediatra le pone un chupete (cuando en todos sitios que se habla de lactancia dicen de no dárselo hasta que la lactancia esté establecida).

El peque no agarraba bien, así que pedí a varias enfermeras de diferentes turnos que me ayudaran. Todas venían, me decían que estaba bien y se iban, aunque el peque no estaba cogiendo bien y era bastante evidente que no lo hacía ¡hasta yo que nunca había dado el pecho sabía que no agarraba! En los 10 días que estuve ingresada, y después de estar pidiendo ayuda a todas las que pasaban por mi habitación,(y fueron muchas) solo una enfermera y una matrona se habían preocupado de estar conmigo un rato, mirar qué pasaba y aconsejarme, ayudarme a poner al peque, etc. A ellas les estaré eternamente agradecida. Personas vocacionales, que saben que su trabajo en la planta de maternidad va más allá de pasar el rato y hacer solo lo imprescindible. El resto miraban con cara de que esto no iba con ellas, o directamente me ignoraban. Es desesperante ver que tu bebé tiene hambre, que ha perdido más peso del que debía y que todas te digan que ese bebé tiene que engordar o se pondrá enfermo, pero nadie haga nada para ayudarte cuando te sientes tan perdida y agobiada y no paras de pedir ayuda.

Con esa enfermera estuvimos probando de todo. El peque no agarraba y no había forma. Llevábamos 2 días intentando y nada. Al final trajo una jeringuilla con leche de fórmula, y mientras ponía al peque al pecho íbamos soltando gotitas de leche para que asociara la leche al pecho, eso parecía funcionar. Probamos también con pezoneras, y así parece que al menos estimulaba el pecho para que subiera la leche. Aun así, costaba mucho rato conseguir el enganche, y no era nada efectivo. Pasamos los primeros días del peque intentando a todas horas que agarrara. Como yo estaba convaleciente con los problemas de después del parto y no me podía levantar, apenas sabía cómo era su carita, sólo le veía el cocote.
En fin, que el tercer día por la noche de repente me subió la leche, y digo de repente porque fue un visto y no visto. Estaba tan normal y de pronto me empezaron a doler las tetas un montón, casi explotaban. Me subió la fiebre y me encontré bastante mal. Había que sacar ese atasco. La enfermera más antipática que os podáis imaginar nos trajo el sacaleches que le pedimos, y lo dejó allí sin más. Menos mal que era fácil de usar. Las siguientes 24 horas las recuerdo como unas de las peores de mi vida: al dolor horrible de cabeza que llevaba por las complicaciones se sumaba la prohibición de levantarme de la cama del neurólogo y la necesidad de estar usando constantemente el sacaleches. Ponía al bebé a mamar (a intentarlo porque no agarraba) durante casi una hora, luego el sacaleches media hora más, un ratito de estar con paños fríos para aliviar la hinchazón, y a volver a empezar. Masajes, frío, calor ... Todo parecía inútil. Así todo el día y toda la noche. El agotamiento me podía, pero no podía dormir con el pecho a punto de estallar.

Después de estar ahí toda la noche llegó la mañana y la pediatra pesó al peque. Había perdido ya más del 10% del peso al nacer, no podía perder más. A partir de ese momento todo el personal médico que venía a la habitación insistía en que el peque tenía que engordar, veía lo apurada que estaba con la subida y sin embargo nadie nos ayudaba, aunque se lo pidiéramos, a intentar mejorar el agarre para solucionar ambos problemas. En cambio todos insistían en que debía darle biberón a mi hijo con leche de fórmula. Pero si tengo muchísima leche ¿por que dar biberón de fórmula? La solución debía pasar por conseguir que mamara, pero claro es mucho más fácil enchufar un biberón que enseñar a una mamá a dar el pecho.
El caso es que nos dijeron que debíamos darle en cada toma 50cl más lo que mamara para asegurar que no perdiera peso. Me estuve sacando con el sacaleches y luego se lo dábamos con jeringuilla (me negué al biberón, sabía que podía perjudicar el enganche más aún). Aun así, una enfermera, con toda mi familia presente alentando el tema, le enchufó un par de biberones de leche de fórmula aunque yo le pedí que no lo hiciera. Como no me podía levantar de la cama allí cada uno hizo lo que le dio la gana, en contra de mi voluntad, y delante de mis ojos mientras pedía por favor que no lo hicieran. Me dolió muchísimo. Me sentí muy incapacitada estando allí postrada suplicando mientras le daban el bibe.
Entre los malditos biberones, las muchas jeringuillas con mi leche y lo que mamó, el peque por fin cogió peso ese día, aunque a base de empacharlo. Al pobre le caía la leche de la boca, no podía más. Se le notaba incómodo y empachado. Me dio mucha penita verlo así.
Sin embargo, el agarre cada vez era peor. No sabré nunca en qué medida influyó el biberón, el chupete y las jeringuillas en ello, pero sospecho que todo ello ayudó a empeorar la situación bastante.

El primer mes fue muy duro. Una vez en casa el peque fue ganando peso bien, pero tardábamos del orden de hora y media en hacer cada toma: unos 40-45 minutos hasta que enganchaba (con lloros, pataletas y desesperación incluidos), y luego otro tanto en que comiera. Si se soltaba sin querer a mitad de toma había que empezar desde el principio, hasta que enganchaba de nuevo. Cuando terminaba nos daba el tiempo justo para cambiar el pañal, ir yo al baño y comer algo y enseguida teníamos que volver a empezar. Así día y noche, sin apenas dormir nada, y haciendo frente a un cansancio extremo. Un día tras otro, cada vez más agotada física y mentalmente, ... Tal era el cansancio que ese mes no llegué a disfrutar nada de mi hijo, era como un robot que hace las cosas ya de forma mecánica porque la cabeza no le da para más.
Además tenía grietas en uno de los pechos, que dolían mucho, aunque ese dolor no era comparable con la desesperación que me producía estar tantos días sin apenas dormir nada.

Cuando hizo el mes empezó a enganchar mejor. Ya no teníamos que estar peleando con la teta hasta que conseguía hacer el vacío, sino que enseguida lo hacía bien. Fue un alivio muy grande, ya que así solo nos costaba el rato que el estaba comiendo, que solía ser una media hora por toma. Podíamos por fin hacer algo más al cabo del día, aunque fuera a ratitos cortos. Por fin podíamos dormir, despertándonos cada 2-3 horas para la toma...

Yo tenía muchísima leche, así que en cada toma le daba sólo de un pecho, y nunca llegaba a vaciarlo del todo. Así llegó el siguiente problema. Cuando todo parecía ir bien llegó la primera mastitis. Un día por la mañana noté que me dolía un poco una zona del pecho. Por la tarde me empezó a doler la cabeza y sensación de gripe, pero sin fiebre. Cuando al día siguiente me desperté con 38'5 de fiebre ya me di cuenta de que se trataba de una mastitis. Una semana de antibióticos y como nueva. En este momento me compré el sacaleches eléctrico: si debía vaciar el pecho cada vez me iba a hacer falta. No debía abusar de él para no producir más leche aun, pero había que vaciar al menos un pecho por toma. Para que os hagáis una idea de cuánta leche tenía, os diré que le daba de mamar al peque (lo que necesitaba mas todo lo que él vomitaba que era muchísima cantidad), y luego después de eso podía sacar fácilmente 150cl ¡de un sólo pecho!. Demasiada leche, tanta que era un problema.

Pasó una semana más, y un día me levanté con una obstrucción en el otro pecho. Me levanté a las 7 de la mañana, y no hice otra cosa que intentar desatascarla : calor, masajes, ducha caliente, diferente posiciones al mamar, sacaleches,.. Era desesperante ver cómo pasaban las horas y no conseguía nada. El fantasma de la mastitis volvía a asomar. Sabía que era cuestión de unas pocas horas que me volviera a salir una mastitis, pero no podía hacer nada más por evitarla. Por fin a eso de las 3 de la tarde salió. Esa tarde me encontré un poco regular, con dolor de cabeza, pero por suerte no llego a repetirse la mastitis.
Pasó una semana más, vaciando en pecho en cada toma con el sacaleches y siendo muy cuidadosa, pero a la siguiente otra vez me dio mastitis, otra vez antibiótico y en esta ocasión estuve un día entero con 39 de fiebre y encontrándome bastante mal.

Este segundo mes tenía constantemente los pechos doloridos y llenos de bollos, y los pezones estaban extremadamente sensibles. Era muy complicado porque debía estar constantemente parando cuenta para que no se me hicieran obstrucciones, y tuve que sacar bastantes con agua caliente y poniendo al peque a mamar en diferentes posiciones. Tenía mucho miedo de que se repitieran las mastitis, y a la mínima obstrucción me desesperaba bastante. El exceso de leche seguía y no había manera de que bajara.




Os contaba al principio de la entrada que hasta ahora no me había atrevido a escribir esta entrada. La razón por la que la escribo ahora es que por fin la situación ha mejorado ¡muchísimo!. Era cuestión de apostar fuerte por la lactancia materna y aguantar el tirón del principio.
Ahora llevo ya dos semanas en las que el pecho me ha regulado la cantidad de leche, y ya no me noto hinchada constantemente ni he tenido más problemas de obstrucciones ni bultos. El peque mama bien, cada 3 horas de día y llegando a aguantar hasta 5 algunas noches (pocas pero ahí están). Coge el pecho rápidamente en cuanto lo pongo, en cualquier postura, y hace la toma muy bien, en unos 15-20 minutos. El momento de la toma es ahora un ratito de calma, de estar muy a gusto el peque y yo: yo tranquila, y él comiendo feliz y mirándome con esos ojazos preciosos.

------------------------------------------------
A las que estéis esperando y queráis dar el pecho y si yo alguna vez pienso en dar un hermanito al peque y vuelvo a leer esto, diré:
  • Que los comienzos son duros, muy duros. Pero que es cuestión de aguantar lo mejor posible al principio, porque luego se vuelve más sencillo todo.
  • Que es imprescindible informarse mucho y leer acerca del tema de la lactancia a lo largo del embarazo. Disponer de buena información puede ayudar a resolver cualquier problema que se presente.
  • Que cada lactancia es diferente. Ni todas las mamás tienen problemas ni con todos los hijos se repiten. Pero por si acaso te pasa a tí, ve preparada para lo que venga y convencida de tu opción.
  • Que es bueno rodearse de otras mujeres que hayan dado el pecho, y dejarse aconsejar. Hay que alejarse emocionalmente de esa gente tóxica que no ayuda, de esas amigas que te dicen lo típico de "yo le doy biberón y mira lo hermoso y sano que está" y de esos familiares que te ofrecen el biberón en cuanto se presenta el menor problema. Hay que buscar apoyo de asociaciones, otras mujeres, matronas, ... que sean pro-lactancia y que te puedan ayudar a solucionar los problemas y animarte cuando tengas el ánimo bajo.
  • Que si la decisión que has tomado es dar el pecho, tengas en mente constantemente por qué tomaste esa decisión. Que tengas las razones que te hicieron decidirte por esa opción siempre presentes y te las puedas repetir cuando se presenten problemas. Que sepas por qué luchas y por qué no te estás dando por vencida. 
  • Que al final vale la pena el esfuerzo. Es lo más sano para él y para tí, la opción más económica y cómoda, la que ahorra más problemas de alergias, ...

Yo ahora estoy contenta de haber optado por la lactancia materna: ahora es lo mejor para el peque y para mí. Aun así, llegar hasta aquí me ha costado mucho esfuerzo, salud y lloros. Pero por fin siento que ha valido la pena, ahora llega nuestro momento de disfrutar.

Me voy, que ya oigo a mi peque que me reclama para comer. ¡Que le aproveche!

Nuestros juguetes favoritos. Bebé de 2 meses

El peque ya tiene 2 meses. De momento todavía no coge cosas (salvo su chupete y su babero que los coge sin darse mucha cuenta de lo que hace), y aun tiene la mano algo loca, que la agita constantemente y sin control. Sin embargo ya sigue objetos con la mirada, le gusta la música y se ríe a carcajadas y hace monerías cuando le dices algo o le haces cosquillas. ¡Ha llegado el momento de empezar a jugar con él!

En el tema de los juguetes todavía es pronto, pero sí que tiene un par de juguetes favoritos. Bueno, más que juguetes favoritos yo diría que son los únicos dos a los que hace caso y que hemos visto que le gustan.

Móvil para cuna:
El primero de los juguetes favoritos del peque, y el que más le gusta es el móvil para la cuna. El nuestro es este que se ve en la foto (el Mami Pata de Vtech), pero hay muchos de diferentes marcas. La pata se ata a la cuna, y los pollitos quedan justo encima del bebé, de modo que los ve cuando está tumbado. Los pollitos dan vueltas mientras suena la música (canciones o ruidos de la naturaleza). Además tiene un modo que proyecta luces en el techo, pero a nuestro chiquitín ese modo no parece gustarle mucho de momento y pone cara de miedo al activarlo, tendremos que esperar un poco para probar de nuevo.
juguete bebe de 2 meses
El caso es que el modo de los pollitos que dan vueltas y suena la música le encanta. Se queda pasmado y se ríe mientras sigue con la mirada a los pollitos.

Cuando un pollito se sale de su campo de visión se queda un momento serio, pero enseguida aparece otro pollito y suelta un suspirito de felicidad y se vuelve a reír. Es realmente divertido verle cómo los mira y los sigue. Nos viene muy bien además porque así lo podemos dejar en la cuna entretenido mientras nosotros nos vestimos o preparamos el carrito para el paseo.

Por cierto, este juguete tiene canciones que son nanas, pero a nuestro pequeño se le abren los ojos como platos cuando lo ponemos en marcha y se emociona tanto que empieza a agitar los brazos y las piernas como un loco. No se lo podemos poner por la noche ¡demasiadas emociones para un bebé tan pequeño!



Guante con marionetas:
juguete bebe de 2 meses
Cuando nació el peque nos regalaron este guante con marionetas tan curioso de Imaginarium. Como tiene tantos colores el peque lo sigue bien con la mirada, y lo usamos cuando está contento y esperando a que le digamos cosas. Lo llevamos en el carrito, para jugar con él cuando paramos en el parque. Le chifla ver cómo se mueven los dedos con los muñecos. Lo único malo que tiene es que es de tamaño pequeño, y al papá no le vale.


De momento al resto de juguetes no les hace mucho caso. 2 meses es demasiado pronto para la mayoría de los juguetes. Cuando vaya creciendo ya les irá cogiendo gusto.

A vueltas con los vómitos

Si tuviera que escoger una sola preocupación de todas las que me asaltan desde que soy mamá, no tendría dudas : los vómitos.

El peque vomita mucho, muchísimo. Vomita cuando termina de comer, pero también entre tomas, que echa leche a medio digerir, mucha leche. A él no parece importarle demasiado, y se ríe a carcajadas entre bocanada y bocanada. Y nosotros no damos a basto : ponemos una lavadora cada dos días, le cambiamos de ropita unas 7 o 8 veces al día, usamos baberos, y le ponemos toallas en vez de sábanas. Da igual cuántas veces freguemos en suelo al cabo del día o cuántas veces lavemos su hamaquita, que todo en nuestra casa está pegajoso y huele a requesón.

Por suerte yo tengo mucha leche, y aunque vomite siempre tengo de más para que pueda comer y no le falte.

Hemos probado de todo : sacar aires, ponerlo vertical después de todas las tomas,... Lo único que ha funcionado un poquito ha sido espaciar un poco las tomas : desde que intentamos que pasen al menos 3 horas vomita algo menos, un cambio apreciable pero no suficiente.

El otro día en el pediatra el peque vomitó 5 veces en apenas 15 minutos que duró la consulta, y así el médico pudo ver a qué nos referíamos. Le pareció llamativo. Aun así, hay algo que no le encaja : el peque ha ganado peso, bastante además.

Nos ha mandado a hacer una ecografía del estómago, para la que tenemos cita dentro de 10 días. Sospecha que tenga un problema en el píloro. En principio, menos el hecho de que gana mucho peso, que eso no encaja, parece que todo lo demás apunta a eso : se da más en primogénitos varones, vómitos muy frecuentes y violentos, apareció de repente a los 14 días de nacer,... Todo parece encajar. Yo aterrada con esta opción, ya que la solución pasa por la cirugía, una operación supuestamente sencilla, pero que se hace con anestesia general. Esperemos que no sea nada... Mejor no pensarlo mucho y esperar.

El caso es que ayer, dándole vueltas y recapitulando todo se me pasó otra cosa por la cabeza ... Ayer el chiquitín tuvo un día especialmente malo, vomitando muchísimo y estando bastante inquieto. Y no sé si fue casualidad o no, pero analizando todo lo que habíamos hecho ayer y no otros días, me di cuenta de que había tomado más lácteos de lo que suelo tomar : medio vaso de leche a las 5 de la mañana, otro vaso en el desayuno, un yogur para merendar y una pizza con algo de queso en la cena. No son demasiados lácteos, pero sí que es más que otros días. Y empecé a darle vueltas ¿no tendrá algo que ver? Buscando por Internet enseguida encontré mamás que decían que sus bebés, alimentados únicamente con leche materna como el mío, tenían intolerancia a las proteínas de la leche de vaca, que se las pasaba la mamá a través de la teta. Y la cosa es que atando cabos creo que también encajaría : vómitos, cacas muy líquidas, dolor de tripa... No apareció al nacer como suele hacer, pero es que yo estuve 10 días ingresada después del parto por complicaciones, y como en el hospital la leche la sirven caliente y a mí así no me gusta, pedía zumo. Y coincidiría el hecho de que vomita menos por la noche, no sería porque está más tranquilo, sería porque hace más horas desde mi desayuno con leche. Y hay noches que echa más, y claro, hay noches que yo ceno pizza o rollito con jamón y queso, mucho queso.

En fin, que como no hace daño y no perdemos nada, mientras llega el temido día de la ecografía, me voy a poner a dieta : nada de lácteos ni derivados ni alimentos con trazas. Es una dieta muy complicada, ya que llevan proteínas de leche de vaca las cosas más inimaginables: el jamón de york, las galletas, la horchata, comida preparada... He leído que se tarda unos 10 días en eliminar la proteína de la leche de vaca en la leche materna, así que 10 días de dieta. Ya os contaré si mejoramos algo, mientras cruzo los dedos para que en la ecografía no salga nada malo ¡pobrecito chiquitín, tan inocente y ya con estas cosas!

Las mejores compras para el bebé

Con el nacimiento de un bebé recibes un montón de regalos y haces un millón de compras. En nuestro caso, al ser el primer bebé de la casa, no teníamos de nada, así que hubo que comprar de todo lo que íbamos a necesitar.
Algunas cosas nos las han prestado, y muchas otras las hemos comprado. La mayoría de los regalos que nos han hecho ha sido ropa, de diferentes tallas por suerte, así que toda la cacharrería ha corrido por nuestra cuenta. Yo soy de no comprar demasiadas cosas, más aun cacharros a los que intuyo poco uso, pero aun así nos hemos juntado con un buen arsenal de cosas y aparatitos de bebé. Aun así, tenemos muchísimas más cosas de las que son necesarias para criar a un niño de esta edad.

Depende mucho de cada persona el que use o no use cada cacharro. Cosas que para unos papás son imprescindible se intuyen un estorbo para otros. En esta entrada voy a hablar de qué cosas han sido especialmente útiles para nosotros (y de las inútiles ya hablaré en la siguiente entrada, que hay una lista larga...).


Las mejores cosas de bebé que tenemos :
  • El fular. El fular elástico ha sido todo un descubrimiento para nosotros. Poder llevar al peque colgado muy cerquita del cuerpo ha sido una experiencia maravillosa. El peque tiene 2 meses y hasta hace bien pocos días apenas hemos dado uso al carrito. Cuando apenas tenía unos días descubrimos que le encantaba ir en el fular: era ponerlo allí y quedarse dormido de forma inmediata. Aparte de eso, es muy agradable para nosotros sentir cerca al chiquitín, oler su cabecita y tenerle siempre tan cerca para darle besitos y achuchones. Además el fular nos permitía sortear escaleras, andar un buen rato sin que el chiquitín se impacientara, pasear por mercadillos llenos de gente, ir al supermercado y hacer la compra llevando las manos libres, subir en el autobús más cómodamente ... En fin, que le hemos dado un buen uso, y, aunque el chiquitín ya pesa lo suyo, pensamos seguir dándole uso un tiempo más porque ¡nos encanta!.
  • Cuna de colecho. Ya os conté en otra entrada que, como casi todas las cunas de colecho son un poco caras, nos habíamos decidido por hacer un poco de bricolaje y adaptar una de Ikea a nuestra cama. Al final no tuvimos que hacer apenas arreglos, y nos ha quedado una maravillosa cuna de colecho con apenas unas cintas y poco más. Tener su cuna al lado de nuestra cama, pegadita, nos ha permitido dormir viendo al peque en todo momento, estirar la mano y poder tocarle cuando está intranquilo, incluso darle de mamar mucho más fácilmente. Nos permite dormir a su lado teniendo él su espacio y nosotros el nuestro ¡genial!.
  • Sacaleches eléctrico. Un invento del demonio... que me ha solucionado muchos problemas. Al principio me resistí a comprarlo, ya que no me hacía falta sacarme leche para dejarle al peque, cuestan un pastón y me horroriza un poco esa sensación de vaca lechera que me da utilizarlo. Pero siendo que produzco mucha leche, tener el sacaleches a mano me ha permitido librarme de alguna obstrucción y llevar mejor la recuperación de las mastitis. Intento sacarme cuanta menos leche mejor, porque cuanta más se saca más se estimula y luego se produce más. Pero cuando veo que se me forma una obstrucción me saco lo justo para desatascarla, y voy guardando la leche en el congelador para cuando haga falta. Probé antes con uno manual, pero no tiene ni punto de comparación, el eléctrico funciona mil veces mejor.
  • Baberos. Cuando nació el peque nos regalaron en total 6 baberos. En ese momento me pareció un regalo estúpido para un recién nacido: si no ha de comer más que teta hasta los 6 meses, ¿por qué todo el mundo nos regala baberos tamaño enano?. Ahora en cambio les he encontrado su utilidad, y hasta le hemos comprado varios más: cuando vomita o produce mucha baba, llevar babero es la única forma de que el peque no se moje y vaya seco todo el día. Así que bienvenidos los baberos, de colores, con dibujitos de animales, con su nombre... Lo mismo pasa con las toallitas pequeñas y pañitos, que solemos llevar siempre encima para limpiarle.
  • Hamaca de bebé. Nos han prestado dos hamacas de bebé de diferentes marcas. La hamaca es uno de esos chismes que me parecía un cacharro inútil, pero que después de usarla he cambiado mi opinión. Al peque le gustan, y se queda súper tranquilo en ellas. Además, como pesan poco la podemos llevar de una parte de la casa a otra, y así la ponemos en la cocina cuando comemos, en el salón cuando echamos la siesta, en el despacho si tenemos que trabajar... Una de ellas aun no la puede mover, pero con la otra que es más sensible sí, y al patalear consigue balancearse, y así se tranquiliza y entretiene mucho.
  • Bodys y pijamas baratos (muchos). Tenemos un montón de ropita para el bebé, muchísima diría yo. Nos han regalado unos conjuntitos realmente bonitos y especiales, que se los ponemos los días que queremos que esté más guapo. Pero para el día a día, los bodys en verano y los pijamitas ahora son lo que nos está haciendo mejor papel. Con todo lo que manchamos prefiero tener 10 bodys baratos que uno más majo y caro. Además, con la ropa del bebé tampoco hay que tener demasiado miramiento, eso sí: que sea de algodón (100% lo mejor), suavecita y que los botones estén bien agarrados. Aunque la tela no sea la mejor del mundo no pasa nada, si se le va a quedar pequeña en apenas un par de meses no hace falta que aguante mil lavados y sea súper resistente. Eso sí, que se abrochen por delante, que los que se meten por la cabeza o se abrochan por la espalda son un coñazo de poner.
  • Sillón cómodo. Esto creo que no está en las listas habituales de cosas de bebé, pero es imprescindible. Un sillón cómodo donde poder dar de mamar al bebé con tranquilidad y sin forzar la postura es una buena adquisición. Nosotros tenemos el famoso Poäng del Ikea. Lo habíamos tenido muerto de risa en el piso, porque nunca lo usábamos, pero al final del embarazo era donde mejor estaba porque me podía incorporar mejor, y ahora es el lugar donde mejor le puedo dar de mamar al peque, con un buen almohadón encima del apoyo del brazo.
  • Cómoda-cambiador. En vez de comprar un cambiador normal, lo que hicimos fue comprar una cómoda normal y ponerle encima la colchoneta del cambiador, de modo que cuando el peque creciera nos quedara la cómoda en la habitación como un mueble más. Es muy cómodo tener toda la ropita y los pañales en la cómoda siempre a mano mientras cambiamos al bebé el pañal. Nos cabe en los cajones de la cómoda casi todas sus cosas: crema, pomadas, pañales, toallitas, ropa,...
  • Saquitos. Tenemos un montón de mantas, pero con todas nos pasaba lo mismo: cuando el peque va dormido la cosa funciona, pero en cuanto se despierta empieza a dar patadas y a agitar los brazos y no hay manera de que permanezca tapado. Así pues, los sacos son ideales para nosotros: el peque va bien tapado, y el saco le deja libres los brazos. Un inventazo. Tenemos uno en la cuna y otro en el carrito. 


Esta es mi lista personal de imprescindibles y cacharros que han resultado útiles (de momento). Creo que cada papá y mamá tienen la suya propia y pocas veces coinciden. Cada uno encuentra útil una cosa diferente, dependiendo de sus necesidades.

Otro día os cuento las cosas inútiles de bebé que tenemos, que también las hay...

Visita al pediatra de los 2 meses

Hoy hemos tenido la visita al pediatra de los 2 meses.

Nuestro pediatra es muy majo, un hombre con mucha paciencia y buena mano con los niños. La consulta es luminosa, y con dibujos de colores en las paredes y en las puertas. Dibujos dedicados de niños decoran las paredes de la consulta. Son unas instalaciones un tanto viejas, pero a las que han sabido sacar partido.

Hemos llegado un poco pronto, y el peque no estaba de demasiado buen humor. Unos pucheros y unos intentos de lloro más tarde, se nos ha quedado dormido en brazos mientras esperábamos. Cuando nos ha tocado entrar estaba dormido como un tronco, no había manera de despertarle. Al dejarle desnudito se ha despertado de repente, echo una furia.

Le ha hecho una revisión completa, examinándole el corazón, el oído, medir y pesar, ...

Le ha encontrado una pequeña hernia en el ombligo, que en principio no es importante y debe irse por si sola antes de los 4 años.
Nos ha comentado que la mancha que lleva en el culete es una mancha mongólica, que no es nada y es normal. Curiosamente, ni su papá ni yo habíamos sido conscientes de esa mancha hasta hoy mismo. No es que se vea demasiado, pero me sorprende no haberla visto hasta ahora porque sí que se nota. Está bien que nos lo haya comentado, porque sino si algún día nos diéramos cuenta sin saberlo nos habríamos llevado un susto por no saber de dónde había salido eso.

Luego, el tema de los vómitos. Hasta ahora parecíamos los padres histéricos que se quejan de que su niño vomita un poco. Pero hoy el peque ha entrado en acción en plena consulta. 5 vómitos en total, bastante grandes, en lo que ha durado la consulta. El pobre pediatra no paraba de cambiar el papel de la camilla, aunque le decíamos que lo dejara, que no pasaba nada por que estuviera un poco vomitado, porque si ponía uno nuevo no iba a durar nada. De todos modos nos ha dicho que si fuera un problema grave no habría cogido el peso que ha estado cogiendo (36 gramos al día de media!, una barbaridad). Aun así, como sí que son llamativos esos vómitos tan abundantes, nos ha mandado hacerle una ecografía para valorar el píloro, por si acaso fuese algo a tener en cuenta.

Y luego hemos pasado a la consulta de enfermería. Le tocaba vacunar, y se ha llevado 2 pinchazos en total, uno en cada pierna. Le han pinchado a la vez, una enfermera por cada lado, para que fuera sólo un susto y no dos. Pobrecito, qué cara ha puesto, y menudo enfado. Aun así, el sofoco ha durado apenas un momento, y al salir de la consulta ya se le había pasado y estaba tranquilo. Parece que no le han hecho reacción las vacunas, y esta tarde está la mar de tranquilo.

Tenemos que seguir con la vitamina D y lo mismo que hasta ahora: teta, paseo, baño,...

La próxima visita será a los 4 meses, esta vez con las enfermeras.

2 meses

Pues sí, chiquitín, ya has hecho 2 meses.
Confieso que han sido 2 meses muy duros, razones no han faltado. Entre la hospitalización del principio, que ahora nos está costando mucho hacernos a tus necesidades y que el agotamiento extremo pasa una factura muy grande, reconozco que esto de la maternidad no me lo imaginaba así antes de tenerte. Aun así, estás cada día más guapo y simpático, y no cambiaría nada.

La lactancia aún no la tenemos asentada del todo, y eso que con dos meses ya deberíamos. Hasta ahora estábamos dándote a demanda, pero, es que hijo mío, tú demandas mucho, y cada hora u hora y media ya estábamos de nuevo. Era demasiado, y no estaba siendo bueno ni para tí ni para mí . Así que estamos intentando alargar por lo menos 3 horas, y, aunque nos está costando muchos lloros, parece que poco a poco lo vamos consiguiendo. A cambio tu estás vomitando mucho menos (aunque sigue siendo demasiado),  y yo estoy empezando a producir un poquito menos de leche.
Esta semana he tenido la tercera mastitis. Llevo una buena colección de mastitis, obstrucciones, perlas de leche, bultos y dolores varios de tetas. Todo derivado de la producción salvaje de leche que tenía, pero que ahora que estamos intentado regular espero que sean pronto parte del pasado. Me desespero un poco con cada problema, pero aún sigo con fuerzas y ganas.

Mañana tenemos pediatra, y te van a poner varias vacunas, 2 pinchazos en total. Esperemos que no te encuentres muy molesto luego. Le consultaremos de nuevo el tema de los vómitos, a ver qué nos dice. El otro día decíamos que es todo un logro que siempre vayas vestido, aunque sea con un body, y es que no paras de mancharte y mojarte entre una cosa y otra,  y claro, la lavadora no da a basto. Parece esto un desfile de modelos, cambiando de ropita mil veces al día. Es curioso, porque no parece molestarte estar así lo más mínimo, y te echas unas buenas risas después de vomitar.

Damos un montón de paseos, tanto en el fular como en el carrito ¡te encanta la calle!. En eso has salido a tu mamá, así que los dos disfrutamos del paseo mucho, ahora que aún hace buen tiempo.

Y te estás poniendo enorme por días, pesas ya 5'8 kilos. Te estás haciendo un bebé grandullón, casi por momentos, y ya no tienes nada que ver con ese bebé chiquitín y débil que eras al salir del hospital. Viendo las fotos de hace apenas unas semanas se aprecia un cambio impresionante. Esto hace que nos estemos volviendo un poco locos con las tallas de la ropa, porque al estar gordito ya te aprietan un poco los pantalones de 6 meses de algunas marcas y en cambio te sobra de largo, y con las camisetas llevas menos talla, y cada marca es diferente... En fin, que es un caos.

Yo sigo haciendo equilibrios para sacar la media jornada en el trabajo y atenderte en todo lo que necesitas, y por eso voy un poco más estresada de lo normal. Por suerte tus abuelos se quedan muchas tardes contigo un ratito dando el paseo, y así consigo llegar un poco mejor.

Y las noches... Bueno, hay cosas de las que es mejor no hablar... Son un auténtico caos. Cada día un horario, días de no pegar ojo, otros un poco mejor... Se ha normalizado un poquito, y ahora parece que desde las 12 hasta las 5 entiendes que es de noche y te despiertas a comer pero luego te duermes, pero es que antes de las 12 no hay manera de dormir muchos días, como mucho te quedas en la cuna medio tranquilo. Y a las 5 o 6  de la mañana empiezas a reírte y a patalear, a agitar los brazos y a hacer gorgoritos. Aun así, estoy super contenta de que un par de noches has aguantado del tirón más de 4 o 5  horas.

Y tenemos cada vez más ratitos dulces, como cuando te quedas dormido en mis brazos después de comer, o cuando te cojo en brazos en el parque en medio de un paseo y te ríes a carcajadas. Me encanta tu olor a bebé, tus sonrisas, tu piel suave, tus manitas, tus ruiditos... ¡eres un sol, y cada día estás más guapo! 


Esas extrañas personas que deambulan...

Pues sí, nos hemos convertido en esas extrañas personas que deambulan sin rumbo...

El peque lleva unos días muy revuelto. No hay manera de que deje de llorar. Llora y llora sin parar, a pleno pulmón, dándolo todo. Y no hay ninguna razón aparente para ello: va bien comido, seco, limpio, ha dormido mucho, está sano... Un misterio, ya que hasta ahora sólo llorisqueaba un poco cuando le tocaba comer y poco más.

Lo más curioso es que nos hemos dado cuenta de que en la calle no llora. Sólo llora dentro de casa. Es bajarlo a la calle y estarse callado y tan contento, aunque en casa estuviera gritando.

Así que sus papás nos hemos convertido en seres que deambulan, da igual que sea de día que de noche.
  • Somos esos que están en el banco del parque a las 7 de la mañana sentados con un fresco que para qué viendo pasar a la gente.
  • Somos también esos que estaban anoche a las 11 dando vueltas para arriba y para abajo con un bebé arrollado en el fular.
  • Somos esos a los que la gente se cansa de saludar por la calle porque se cruza con nosotros varias veces al día y parece que estemos en todas partes y les vayamos siguiendo.
  • Somos esos que comen algunos días de taper aunque su casa esté a escasos 2 minutos.
  • Y también somos esos que se sacan una silla y se sientan en el balcón de casa a las 4 de la madrugada con un bebé en brazos y unas ojeras horribles, aunque haga 10 grados fuera y esté lloviendo.

Sí, esos somos nosotros ahora mismo. Gente de calle. Nos encontrarás allí donde mires, sea la hora que sea, llueva o haga calor. Calles, parques, plazas, ... allí estaremos.

Mientras esperemos que se le pase esta fase el peque, porque veo asomar el morro al invierno y aquí hace mucho frío. De momento, me voy a comprar un súper abrigo súper gordo para llevarlo un poco mejor.

Cómo es el dolor en el parto

Cuando estamos embarazadas, sobre todo si es la primera vez, no paramos de pensar en cómo será todo lo que viene: el parto, los primeros días de vida del bebé, el resto del embarazo.

Un halo de bendita ignorancia nos rodea. Todo es nuevo. Parece que de repente estamos descubriendo cosas nuevas durante esta etapa de nuestra vida. Todo se acelera, y de repente nos sentimos ignorantes, rodeadas de un universo de cositas de bebé que no sabemos ni siquiera para qué sirven.

Y una de las dudas más frecuentes es respecto al momento del parto ¿cómo será? ¿lo llevaré bien? ¿será muy largo? y... al final ¿me dolerá?.


Una sensación diferente para cada mujer y para cada parto

Lo primero que debemos saber es que cada mujer experimenta el dolor de una forma diferente. Cada una percibimos el dolor de una forma distinta, y por eso no debemos quedarnos sólo con lo que nos cuentan otras mujeres a nuestro alrededor. Eso no tiene por qué parecerse ni remotamente a lo que nosotras sentiremos en el día de nuestro parto.

Tampoco nos sirven, en el caso de no ser primerizas, las experiencias de partos anteriores. Tal vez en el siguiente parto todo sea diferente. La misma mujer puede tener sensaciones diferentes en cada uno de los partos. No nos sirve de referencia saber que tuvimos mucho o muy poco dolor en un parto anterior, porque las circunstancias y la percepción personal cambian de una vez a la siguiente.


El cuerpo está preparado

Lo primero que debes saber es que el cuerpo está preparado en el momento del parto para afrontarlo.
Ese dolor en condiciones normales sería muy intenso, pero justo en el parto el cuerpo tiene un torrente de hormonas circulando a toda velocidad que hacen que se pueda llevar.

¿Cuánto duele el parto?

El parto duele. Quizás no tanto como puedas pensar, quizás más. Pero se puede llevar, sobre todo con ayudas. Estamos preparadas para ello.

Lo peor es durante la dilatación. Son muchas horas en las que sentirás dolor. Cuanto más larga peor. Hay mujeres que dilatan en apenas unas pocas horas casi sin enterarse hasta que está muy avanzado y otras que tienen partos de muchas horas. Por eso es recomendable que llegues descansada, no sabemos cuánto tiempo tienes por delante.

Al principio, justo cuando comiences a ponerte de parto, irás notando las contracciones pequeñas. Se sienten pero no duelen. Poco a poco van sintiéndose más fuertes, hasta que comienzan a ser dolorosas.
Suelen durar alrededor de un minuto cada contracción, al principio algo menos. Al principio vendrán cada 10 minutos, luego cada 7, cada 5, ... hasta el momento del parto que serán cada minuto o así. Entre una contracción y la siguiente no suele doler, por lo que tienes un tiempo entre una y otra para recuperarte y descansar un poco.

En cada contracción se nota como una sacudida a todo el cuerpo. Es un dolor difícil de describir. Piensa en cuando te das un mal golpe en el codo. Pues sería algo así. El problema no es el dolor (que así de forma aislada se puede llevar). El problema son las repeticiones. Piensa en cómo te sentirías si te das en el codo cada dos minutos durante 8 horas, y sabiendo que te vas a volver a dar una y otra vez. Pues eso ... Lo mejor es estar calmada, sin pensar demasiado, dejándote llevar. Así se pasa mucho mejor. En mi caso recuerdo que el dolor tampoco lo sentía tan intenso como lo imaginaba, era algo que llevaba bien, pero sin embargo me temblaban un poco las piernas, y eso de notar el cuerpo descontrolado me asustaba un poco.

Aunque puede parecer que el momento del expulsivo será el que más duele, no es cierto en muchos casos. Casi siempre lo peor es la dilatación. Son muchas horas si es el primer parto. Durante el expulsivo la mujer está activa, haciendo fuerza, y eso hace que se lleve mejor. Te concentras en pujar en vez de en pensar si duele o no duele. En cambio en la dilatación estás muchas horas esperando, sin poder hacer nada más que esperar (y desesperar).

Si optas por la anestesia epidural, te la podrán poner cuando lleves unos 3 ó 4 centímetros de dilatación. Una vez que te la ponen, si funciona bien, dejas de sentir dolor intenso, y no notas más que pequeñas sensaciones raras, pero no dolorosas. El problema es que tienes que llegar a esos 3 ó 4 centímetros de dilatación antes, y eso requiere pasar un tiempo de contracciones fuertes sin ayudas.

Mi experiencia personal es que no duele tanto como nos hacen creer. Está muy mitificado. El dolor del parto es llevable, más aun con ayudas. Estamos preparadas, y lo mejor es llegar tranquilas. Otras cosas habremos pasado en esta vida que duelen más, pero la mitificación del parto y el desconocimiento hacen que nos planteemos el parto como algo doloroso en vez de como una experiencia vital que nos va a marcar.

¿Cómo se siente la anestesia epidural?

No tiene nada que ver un parto con una anestesia epidural bien puesta que otro sin ella.
Una vez que te ponen la epidural, si está bien puesta, no sentirás nada de dolor. Sólo las sensaciones del parto. Podrás centrarte en disfrutar. Se nota que viene la contracción porque sientes la tripa dura, pero nada más. Por supuesto, que aunque tengas la epidural no es como para estar relajada, el cuerpo sigue trabajando, pero la sensación es agradable.

Alguna vez en mitad del parto la anestesia deja de funcionar parcialmente (vuelves a sentir algo de dolor, quizá no tan intenso como antes, pero algo más). Por eso siempre suele haber un anestesista cerca, que puede volver a inyectar más anestesia si lo ve oportuno (si queda poco parto tal vez intenten llegar al final con la dosis que ya llevas). En muchos casos va por lados (te duele en uno de los lados y en el otro no), de este modo, aunque se nota algo de dolor, es mucho más llevable.

Además de la epidural, en algunos sitios ofrecen otras técnicas para mitigar el dolor.


Unos consejos:

  • Intenta llegar descansada al día del parto. Ahí estará parte del éxito, ya que si consigues llegar en buenas condiciones notarás menos el dolor, serás capaz de llevarlo mejor y te sentirás con más fuerzas para conseguir que termine antes.
  • Cuando te pongas de parto come sólo si tienes ganas. Si no te apetece nada no te fuerces, porque puede ser peor comer sin ganas (a algunas chicas les entran ganas de vomitar si han comido a la fuerza).
  • Déjate ayudar. Las anestesias, los métodos de relajación, los sistemas para mitigar el dolor... realmente funcionan. Y están a nuestro alcance, para que los utilicemos si nos hacen falta. El parto no tiene por qué ser una experiencia traumática teniendo a mano estas ayudas.
  • Muévete, colabora. Es recomendable (si te dejan), que te muevas durante la dilatación. Eso acelera las cosas (y disminuye el tiempo de pasarlo mal). Intenta andar un poco, sentarte en el balón de pilates,...
  • Rodéate de gente positiva. En el paritorio te dejarán pasar con una persona, normalmente tu pareja. Él tiene que ir concienciado de su papel, que no es otro más que ayudarte. 
  • No tomes papel de víctima. Estás viviendo un momento único, así que aprovéchalo y deja de quejarte. Sí, duele, pero si no paras de quejarte será peor, ya que el dolor depende mucho de los pensamientos que tengamos. Intenta ser positiva, piensa que ¡queda muy poco para ver a tu deseado bebé!.

Entradas relacionadas: Mi parto

Qué hacer si no me sube la leche

Después del parto es normal que la leche tarde en subir unos cuantos días, normalmente pueden ser entre 2 y 4 días en parto natural, y alguno más si ha sido cesárea.

La subida de la leche se nota porque de repente se hincha el pecho y, apretando un poco, vemos como sale leche. Hay algunas mujeres que apenas notan hinchazón con la subida de leche, y otras en cambio, que tienen regurgitación mamaria, que quiere decir que el pecho se hincha muchísimo y es necesario recurrir al sacaleches para sacar ese atasco y evitar las mastitis. En estos segundos casos es muy evidente la subida.

Conseguir que suba la leche

Para conseguir que nos suba la leche debemos poner al bebé a mamar siempre que podamos, bastantes horas al día, y por lo menos 8 veces cada día. Cuanto más pongamos al bebé al pecho, mejor será, antes nos subirá la leche. Si ponemos al bebé lo suficiente al pecho y no tenemos ningún problema de salud podemos estar seguras de que la leche subirá.

Qué pasa con el bebé hasta que sube la leche

Normalmente los bebés tienen reservas suficientes para aguantar esos días sólo con el calostro (un líquido amarillento que sale del pecho al principio), que es además un líquido muy calórico que les aporta muchísimas defensas, por lo que en principio no haría falta suplementarles alimento de ninguna forma ni darles biberón a no ser que los médicos nos indiquen lo contrario.

Sin embargo hay casos en los que los pediatras nos pueden recomendar darles suplemento de leche de iniciación hasta que nos suba la leche, como puede ser el caso de bebés que hayan perdido más del 10% de su peso al nacer, o bebés muy grandes que necesitan más alimento hasta que a la mamá le suba la leche.


Si me dicen que debo darle complemento hasta que suba la leche ¿cómo lo hago?

En estos casos lo ideal sería darles el complemento de forma que afecte lo menos posible a la lactancia.

Debemos saber que si les damos con un biberón podemos tener problemas con la lactancia más adelante. La forma de succionar el biberón es diferente a la forma de mamar, y la leche sale mucho más fácil. Por eso, si les damos los primeros días leche en biberón es muy posible que luego el bebé rechace el pecho y nos cueste muchísimo esfuerzo lograr que mame cuando nos haya subido la leche.

Lo ideal es pues no recurrir al biberón, y es por eso que recomiendan dar la leche de fórmula con jeringuillas, a cucharas, bebida de un vasito,... cualquiera de estas formas es buena siempre que dejemos el biberón como última alternativa.

Otro problema suele ser que si le damos la leche por cualquier otro medio es posible que de repente muestre menos interés por el pecho ¡justo ahora que necesitamos que chupe muchas horas al día para facilitar la subida de leche!.

Por eso, una solución muy recomendada son los sistemas de nutrición complementaria, como el que veis en la foto. La mamá se cuelga del cuello el sistema, y se pone la leche en la bolsita, y el tubito en el pecho sujeto con un adhesivo. De este modo, el bebé asocia que para comer y que salga leche debe chupar del pecho. Además de establecer esta relación tan importante, mientras come nos estará estimulando el pecho, por lo que facilitará la subida de la leche. Estos chismes son un poquito caros, rondan los 30-40 euros, pero nos pueden salvar la lactancia.

Decálogo: 10 cosas que puedes hacer si no te sube la leche

1) Relájate, busca un entorno tranquilo: Sé que es difícil, tal vez sea de los momentos más delicados vividos hasta ahora y seguro que ves esto como un pozo sin fondo y estás muy nerviosa. Seguro que aunque todo el mundo te esté diciéndote que te relajes no puedes, la cabeza te va a mil por hora. Pero es lo mejor que puedes hacer. Intenta ser positiva, no obsesionarte con esto, y verás que enseguida pasa. Intenta descansar todo lo que puedas y tomartelo con calma.
Intenta estar siempre en un lugar tranquilo, para que el bebé no se distraiga. Si tienes demasiadas visitas, hazles saber que estás un poco agobiada, y que más adelante será mejor momento para estar con ellos. Ahora no es momento de celebraciones con amigos, eso ya vendrá el mes que viene: ahora es momento de concentrarte en conocer a tu hijo y de establecer la lactancia, y para eso necesitas tranquilidad.


2) Pon al bebé al pecho todo el tiempo que sea posible: Es muy duro, seguramente no te esperabas que los primeros días como mamá fueran tas estresantes, pero lo mejor que puedes hacer es poner al bebé al pecho siempre que puedas. Y eso, es cierto, van a ser muchas horas al día. Si no te sube la leche y te está tardando en subir más de la cuenta, no te preocupes, pero no dejes pasar ni una oportunidad de ponerlo al pecho. Cuanto más esté al pecho antes te subirá la leche y más leche tendrás.
Aprovecha siempre que esté despierto y con fuerzas para ponerlo. Van a ser apenas unos días, no te preocupes, que enseguida tendrás leche y verás como cada vez engancha mejor. Es normal que las tomas le cuesten casi una hora los primeros días, o que tarde en engancharse más de media hora. Son solo unos días, así que mentalízate y ponte manos a la obra, con cariño y mucho amor.
Si te agobia estar todo el día enchufada al bebé y con la teta fuera intenta encontrar tus propios métodos: ponte música, aprovecha a ver tus series favoritas, ponte al bebé en el fular para tener las manos libres, duerme de lado mientras él mama...


3) Usa un sacacleches si no puedes ponerlo al pecho todo el tiempo que te gustaría: A veces no es posible poner al bebé al pecho todo el tiempo que querríamos. Bien sea porque duerme mucho, o porque está muy débil, porque sea prematuro o por... mil razones. Pero o estimulas el pecho o la leche no subirá. Así que, aunque no sea la situación ideal, en estos casos puedes ponerte el sacaleches para que te estimule y así que te suba antes la leche. Es posible que apenas saques unas gotas los primeros días, pero no te apures, lo importante ahora es estimular para que venga la leche cuanto antes, no sacar grandes cantidades.
Debes saber que el bebé será más efectivo que el sacaleches: aunque tu apenas te puedas sacar unas gotas el bebé es posible que esté sacando su ración entera.


4) Pasa de chupetes, biberones y tetinas hasta que la lactancia esté establecida completamente
Los chupetes, biberones, y tetinas no son adecuados hasta que la lactancia no esté totalmente establecida. En unos casos eso es a partir de un mes, en otros antes, y en otros después.
La forma de succionar en el biberón es totalmente diferente a la del pecho, por lo que a los bebés les cuesta mucho más engancharse a mamar si hemos utilizado bibes antes.
Lo mismo ocurre con el chupete: puede hacer que sea más complicado conseguir éxito en nuestra lactancia si hemos utilizado chupetes antes de tiempo.


5) Déjate ayudar, pide ayuda
Lo he puesto como quinto consejo, pero tal vez debería ponerlo el primero: déjate ayudar y pide ayuda siempre que lo necesites.
Si estás ingresada en el hospital y no te sube la leche después de unos días, consulta a las matronas y a las enfermeras, pídeles ayuda. Es parte de su trabajo. Si te encuentras con una enfermera borde que no te hace caso, intenta localizar a otra que te pueda ayudar, en todos los hospitales hay alguna pro-lantancia que te ayudará.
Si ya te han mandado a casa, puedes pedir cita con la matrona o con el pediatra en cualquier momento, y que te expliquen bien cómo ponerlo al pecho o qué hacer, qué trucos puedes intentar, etc.

Por último, y muy útil: intenta localizar a un grupo de lactancia cercano. Suelen tener asesoras que irán a tu casa a echarte una mano, y sus consejos valen oro.

Si lo que tienes es alguna duda concreta, puedes consultar en los foros, aquí te dejo los dos mejores:

6) Confía en tu misma y en tus capacidades
Es difícil confiar en una misma cuando las circunstancias no son las más adecuadas. Pero debes saber que casi el 100% de las mujeres son capaces de producir la leche suficiente para mantener al bebé. La especie humana ha sobrevivido gracias a ello.
Por eso, confía en ti misma, y en tus capacidades para amamantar. Vas a ser capaz de producir leche, solo es necesario esperar un poco y poner al bebé al pecho. Tu eres capaz de ello, y tienes todo lo que necesita tu bebé.


7) Haz a un lado a las personas tóxicas

Lo peor que te puede pasar en estos momentos es tener cerca a personas tóxicas, que no te ayuden y te apoyen en esta dura tarea.
Aléjate emocionalmente de ellas, no dejes que sus consejos y sus réplicas influyan en ti y en tus decisiones. Ten en mente en todo momento qué es lo que tu quieres, y céntrate en ello.


8)  Si tienes que usar complementos, úsalos en tu favor
Si el pediatra te ha recomendado complementos y necesitas usarlos (por ejemplo, si el bebé ha perdido más del 10% del peso, ...etc), usa los complementos en tu favor. Puedes soltar gotitas de leche en el pecho con una jeringa para que el bebé asocie el pecho con la leche, o usar relactadores, ... No utilices biberones, mejor con jeringas o en vasito, aunque te cueste más rato, e intenta seguir poniéndote al bebé siempre que puedas.


9) Disfruta del momento
Sé que en estos momentos estarás agobiada y mirando sin parar a ver si sale alguna gotita de leche. A mí me pasó lo mismo. Pero ten cuidado: estos días pasan muy rápido, y tu bebé va a crecer a un ritmo de vértigo.
Relájate con él, mímalo, disfruta teniéndolo en brazos. Y sé feliz, es un momento duro, pero es tu momento.


10) No te obsesiones
Deja de dar vueltas a la cabeza, y no te obsesiones con que no te sube la leche. Vendrá en el momento menos pensado. No es el fin del mundo. No pasa nada si tarda un poco más de lo normal, y tampoco pasaría nada si no subiera. Lo importante es que disfrutes de tu hijo, y lo demás ya vendrá cuando tenga que venir. Ponlo al pecho todo lo que puedas y disfruta de él todo el tiempo que puedas.